El lunes tuvimos una serie de percances que lo transformaron en un día olvidable. Como le diría un paceño a su novia “hagamos un pacto de amnesia”.
A 27km de haber salido de Cochabamba nos topamos con un bloqueo de camiones. Desandamos nuestros pasos y decidimos tratar de proyectar en el pueblo más cercano: Sica Sica. Tras esperar 50 minutos al director, salimos por la misma puerta por la que habíamos entrado. Según nos explicó, los cursos estaban muy programados y no había forma de cambiar el cronograma.

Como no había tiempo para ir a otra escuela decidimos enfrentar el piquete. Al acercarnos a los camioneros nos comentaron que estaban parando por un decreto que prohibía la exportación de aceite comestible que transportaban. Uno de ellos, Ismael, no sólo accedió a darnos una entrevista sino que además nos explicó cómo sortear el piquete metiéndonos por un pueblo vecino. ¡Aguante!

La alegría de haber pasado el obstáculo duró poco y a pocos metros de Bombeo se nos soltó el pedal de embrage. ¡Se nos embriagó la Roly! Pese a ver 4 gomerías con sus respectivos lubricentros no había rastros de un mecánico, así que decidimos seguir hasta Pongo, donde tampoco tuvimos suerte. Como ya habíamos hablado con Ricardo Falcone, nuestro mecánico amigo, decidimos seguir viaje y arreglarlo en La Paz.

La “tercera y vencida” del día fue un gendarme tratando de pedirnos una coima en un peaje. Como rechazamos su ”colaboración a los caminos” nos amenazó diciéndonos que sus compañeros estaban más adelante, pero ¡por suerte no los cruzamos!