Archivo de Abril de 2008

Aniversario inolvidable

Martes, 29 de Abril de 2008

El 22 nos levantamos felices de cumplir 8 años juntos. Mientras desayunamos en el Hotel Nido del Cóndor, desde recepción llamaron a un mecánico (¡qué lujo!). Al ratito llegó Cesar, un hombre muy dedicado que se paseó Nasca tres veces hasta dar con el repuesto que Roly andaba necesitando.
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Primero arregló el embrague, pero no contento con eso siguió investigando y parece que la caja de cambios hacía que perdiéramos líquido de freno. Trabajó hasta el mediodía, y en cuanto pudo nos liberó para que festejáramos el aniversario.

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Después de almorzar comida típica seguimos rumbo a Huacachina, un oasis en medio del desierto que nos había recomendado Alfredo, un cordobés viajero que conocimos en Purmamarca. El lugar es de lo más romántico que se puedan imaginar y vale la pena conocerlo.

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A la noche nos malcriamos con unos camarones a la broaster, torta y la vela que nos regaló Lui. Mejor, imposible.

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Cinco casas y un borracho

Sábado, 26 de Abril de 2008

El domingo manejamos de 9 a 18 y sólo hicimos 300 km. La noche nos agarró en un pueblito mínimo de cinco casas y una luz. No vemos la hora de llegar a la llanura de la costa.

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El lunes nos levantamos a las 5:30 para arrancar temprano y proyectar, pero Roly se empacó. Estábamos muy alto en la montaña y a la noche heló: combo tétrico para las baterías y el motor.

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Probamos todas las técnicas: el aerosol “arrancador” mágico, el puente entre baterías e incluso incursionamos en el “apantallamiento fotográfico” para calentar el motor, pero no hubo caso.

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Después de varios intentos fallidos tuvimos que usar nuestro comodín: prender el generador para cargar la baterías. Cada media hora probábamos, pero nada. Mucha batería y pocas nueces.

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Los locales empezaron a acercarse. Uno me saludó “good morning” y otro se le quedó hablando a Alex. “¿De dónde es?”, preguntó. “Argentina”, respondió Alex, pero el lugareño quedó absorto, “¿y por qué es gringo?, repreguntó.

Dispuestos a creer en cualquier macumba decidimos intentar el viejo truco de “pedazos de cebolla en la entrada de aire”. Después de repetir la palabra “cebolla” de todas la formas que se me pudieran ocurrir, vi en el estante la verdura buscada. “Esto”, le mostré a la señora, que con una sonrisa respondió “ah, cebolla”. Juraría que lo había pronunciado igual, pero vaya uno a descubrir los engaños del cerebro.

Después de envolver las cebollas en una bolsa de plástico agujereada nos dimos cuenta que el esfuerzo era inútil. Sin embargo, existía otra posibilidad, quizás la última y más primitiva, de empujar a la Roly a la ruta y que allí fuera cuesta abajo.

Cuando había ido por la cebolla un señor de gorra se había ofrecido a ayudar empujando, así que le comenté al Chino y fue a buscarlo. A lo lejos veo que Alex se acerca con otro hombre que además de usar gorra estaba de la gorra. Venía gritando que era mexicano y hablaba portugües, que tenía una batería y nos iba a sacar con su avión.

Alex me levantó los hombros y manitos como diciendo “me siguió” y automáticamente prendí mi instinto “directora de escuela indignada”. El ebrio era imparable, quería manejar a Roly a toda costa. “A ver, a ver, SILENCIO”, le ordené, abusando de mi género femenino.

“Calladito me acompaña a empujar atrás”. Obediente, el borracho me siguió, aunque lo de silencio no le quedó muy claro. “Uno…dos…”, gritó Alex desde la puerta del conductor. “Tres”, balbuceó el ebrio desplomándose en la barra de atrás, haciendo todo tipo de movimientos contraproducentes.

En vano tratamos de empujar, porque la Roly iba como marialapaz, lapaz, lapaz, unpasopatrás, patrás, patrás…

De la nada apareció la familia del borrachín, tres mujeres fuertes dispuestas a empujar y alivianar la carga. De nuevo intentamos y nada. A esta altura el ebrio estaba en un estado de verborragia imparable y la situación no daba para más.

A lo lejos escuché un motor y corrí a la ruta. Obligados a frenar por el piquete unipersonal los camioneros preguntaron cómo podrían ayudar. Les comentamos que teníamos un cable (como no podía ser menos, la mosca acotó que él también) y accedieron a remolcarnos.

En dos minutos estábamos sobre la ruta y después de un par de intentos la Roly arrancó (eran las 10:40). Nos fuimos felices, aunque compadeciéndonos de esa familia, que convive con la pesadilla desde temprano.

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La hipotética proyección quedó en la nada, ya que no estábamos dispuestos a dormir otra noche en un pueblito en la montaña. Manejamos todo el día hasta llegar a Nasca.

Cuando frenamos a preguntar por un camping la Roly se volvió a embriagar, aunque esta vez ni se movía. Parece que el problema que arregló Fernando en La Paz era el síntoma y no la enfermedad.

En vano esperamos al mecánico que nunca llegó, así que dormimos al lado de la Panamericana, en la entrada del Hotel Nido del Cóndor.

 

Un día europeo

Sábado, 26 de Abril de 2008

Llegar a Cusco te hace sentir en el Primer Mundo. La excesiva cantidad de carteles en favor del Medio Ambiente y los precios for export te alejan por un rato de Latinoamérica.

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La ciudad es lindísima, llena de balcones y de Historia. Cuando llegamos a la Plaza de Armas nos encontramos con la conmemoración del “Niño Policía” (o eso dedujimos a partir de los discursos).  Después de desayunar mirando el acto, nos pasamos la mañana en el Museo Inca.

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Para ahorrar unos pesos fuimos en un bus local a Ollantaytambo, un pueblo del Valle Sagrado desde donde salen los trenes a Machu Picchu. El viernes tomamos el primero y a las 9 ya estábamos en La Ciudad Perdida.

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Después de un recorrido guiado subimos durante una hora y media hasta la cima de Huayna Picchu, la montaña frente a la ciudad inca. De más está aclarar que el lugar es increíble y vale la pena visitarlo.

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Nota: La liebre es una vizcacha.

Nota 2: Esta es otra muestra de lo que a uno le puede pasar cuando le pide a un extraño que le saque una foto.

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Llegando vienen los gringos

Miércoles, 23 de Abril de 2008

El miércoles nos levantamos como peces fuera del agua en el pueblito de Pucará. Después de unas Sorojchi Pills remontamos el apunamiento para arrancar el primer día de proyección peruana. A media mañana decidimos frenar en la escuela La Salle de Ñuñu.

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Como quien señala a un animal de zoológico, un alumno apuntaba a Alex y le enseñaba a su compañero: “gringo”. Cinco minutos costó convencer al director, y en media hora el salón de la escuela se había transformado en un cine.

Durante el recreo anterior a la proyección todos se acercaban gritando “gringuita”, “gringos”, “hello”, pese a que aclarábamos -en vano- ”somos argentinos”. Como los chicos tenían entre 3 y 9 años pasamos “El ratón Pérez” (personaje que desconocían).

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Cuando terminó la función nos enteramos que todavía faltaban los de 4º a 6º, así que les pasamos “El cóndor y el Ande”. En total fueron 266 espectadores, todo un record.

En las trincheras

Miércoles, 23 de Abril de 2008

Este post fue pensado para aquellos aventureros que se atrevan a cruzar de Bolivia a Perú motorizados.

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La historia empieza en el último pueblo del mapa boliviano: Desagüadero. El pedido de colaboración arranca antes de lo previsto, en el peaje de ingreso. Alex se negó a coimear (ejercicio al que venimos acostumbrados) y pasamos sin problemas.

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El trámite fronterizo se hacía esperar hasta que la señora detrás del mostrador le sonrió a Alex diciéndole que ya está todo hecho en el lado boliviano. Nos acercamos a la barrera de gendarmes, pero resultó que todavía faltaban papeles para los uniformados.

Vuelve el pedido de coima, esta vez seguido de la chicana amenazante: “le podría hacer una multa por intentar cruzar la barrera sin todo lo correspondiente, serían Bs100″ y entredientes le acotó a su compañero, “tendría que dejar una voluntad” (¿?, así como lo oyen).

Por suerte, los hermanos policías no se avivaron que la coima se pide antes de sellar los trámites, así que sin miedo nos negamos. “Van a ver, del otro lado son peores”, atinó a excusarse.

Cabe aclarar que los pueblos fronterizos son similares al primer día buscando aulas en la UBA. Mientras los demás aparentan saberse todos los trucos, uno pareciera estar inmerso en un sinfín de incertidumbres.

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El lado peruano parecía andar bien hasta que un policía se le acercó a Alex y le ordenó, “va a tener que acompañarme allí”, mientras señalaba un cuartito. Cuando me vino a avisar que lo inevitable sucedería, se nos ocurrió que llevara Bs20 (US$3) en su billetera.

Alex entró al cuartito tránsfuga y vio cómo un extrangero le entregaba unos verdes al azulado. “Acá todos pagan 50″, le indicó a Alex, sin aclarar de qué moneda estaba hablando. “Pero yo sólo llevo 20″, retrucó, mostrándole su billetera de pobre.

Sin chistar el cana aceptó la limosna involuntaria y huimos de estos pueblos endemoniados.

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BBT (Bolivia Bonus Track)

Viernes, 18 de Abril de 2008

Antes de cerrar el capítulo boliviano, dos aclaraciones:

1) Aguante Roger, el amigo mozo de Sol y Luna, que nos dejó un comentario. Por si no lo conocen, es lo más rico en La Paz (sí, Roger y el restaurant también).

2) He aquí unas fotos que nos olvidamos de subir de una vuelta en la que gente de Saipina esperaba la aparición de Evo para declarar al pueblo libre de analfabetismo.

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