La semana pasada hicimos las dos últimas proyecciones de Argentina en lugares muy remotos. Desde hace meses veníamos organizando las funciones junto a Mabel Cábana, la encargada audiovisual de Jujuy, que le puso mucho pila y una enorme cuota de formalidad a nuestro trabajo.

El lunes pasado arrancó nuestro viaje rumbo a la región de Santa Catalina, una de las más remotas de la provincia de Jujuy. Tuvimos la enorme suerte de ir acompañados por Martín y Ariel, del cine móvil de la provincia, que además de conocer los caminos nos tuvieron mucha paciencia y vinieron en caravana.
El primer percance vial lo provocó la inusual lluvia de los días anteriores. En vez de ir directo a Oratorio tuvimos que pasar por Santa Catalina, la cabeza departmental. Una vez que llegamos al pueblito (que según Alex, debe su nombre a que hay que rezar para llegar) nos recibió muy amablemente el director de la escuela albergue donde proyectaríamos. Pese a que lo sorprendió nuestra llegada tardía, se entusiasmó con la función y empezó a tocar campanadas para que la gente del pueblo se acerque.
Ante 31 espectadores pasamos “Pegáme, pero lleváme” (un documental sobre una escuela albergue en Córdoba), para mostrar cómo viven una realidad parecida en otro punto del país, y “Las Aventuras de Hijitus”. Además de recibir muy buena onda, nos dieron la merienda y, pese a que salimos corriendo por la lluvia, se apuraron a convidarnos unas pizzas para aliviar nuestro viaje.
La vuelta fue bastante dura, por el agua y porque se hizo de noche. Además, lo que a la ida nos había parecido fácil después no lo fue tanto y en el último río nos estancamos. Por suerte Martín y Ariel llevaban una pala, mucha fuerza y buena onda para poder sobrellevar el momento y después de romper una soga y un suncho logramos sortear el obstáculo.
Alrededor de las 22 llegamos a Santa Catalina, felices de haber podido salir del lecho del río. Junto a Ariel y Martín abrimos nuestro vino de reserva para brindar por la odisea.