VaCHEgrande
El viernes salimos rumbo a Vallegrande, pero nuestra vagoneta hizo honor a su nombre boliviano y amenazó con quedarse sin batería. Nos dio miedo quedarnos en-medio-de-la-nada así que decidimos seguir hacia Samaipata, cerca-del-fin-de-la-nada.
Allí nos quedamos el fin de semana disfrutando de este pueblito lindísimo. Pese a que habíamos planeado una proyección para el sábado, hubo que suspenderla porque nos comentaron que habría un corte de luz -que finalmente no hubo- ”de concientización del uso de energía”.
Después de recorrer las ruinas preincaicas del Fuerte, decidimos que valía la pena hacer unos kilómetros para conocer el lugar donde enterraron al Che. El domingo a la noche llegamos a Vallegrande y nos sentimos un poco desilusionados al no ver ninguna referencia del líder revolucionario.
Poco después de haber llegado cayeron al hotel tres argentinos por ver la Roly estacionada afuera. Uno de ellos, Pablo, trabaja en La Higuera, el pueblo donde mataron al Che, y se ofreció a llevarnos al mausoleo y organizarnos una proyección.
Gracias a Pablo al día siguiente conocimos “La Iglesia del Che”, fundada en donde se encontraron sus restos, y pudimos proyectar en el hogar “Jesús Infante”. Frente a 49 chicos pasamos “1 minuto por mis derechos” y “Las Aventuras de Hijitus”. La proyección salió muy bien y los chicos fueron particularmente cariñosos.


















